Recientemente y de forma muy repetitiva se ha oído mencionar
por parte del presidente Trump la propuesta de que Venezuela forme parte del
territorio estadounidense, al ser incorporado, anexado, absorbido o como se le pueda
decir jurídicamente a la idea de integrar esta nación soberana a la nación americana.
Si bien es cierto que para algunos pueda parecer
descabellado, no lo es del todo. La Doctrina del destino manifiesto fue una
doctrina sobre la cual Estados Unidos cimentó su política expansionista por
Norteamérica durante el siglo XIX. Se fundamentaba en considerar a este país
como una nación «elegida» y destinada a expandirse desde las costas del
Atlántico hasta el Pacífico. Así que viéndolo desde este enfoque tenemos un país
que históricamente desde el siglo 19 y por distintas razones le ha gustado
absorber territorio hasta ser la nación de 50 estados, dominios, estados
asociados, islas y demás pertenencias de hoy en día.
Hasta 1959 los Estados Unidos eran apenas 48 estados,
siendo Alaska el estado 49 en unirse y Hawái el estado 50, dejando el mapa de los
50 estados sellado tal y como lo conocemos hoy.
Puerto Rico lleva años solicitado ser el
estado 51 pero por razones económicas no ha logrado ser reconocido con este
estatus, para los EE.UU. representaría una carga desequilibrada a diferencia de
Venezuela que bien administrada sería autosustentable y aportaría ingresos
elevados a los EEUU.
¿Qué escenarios existen?
Existe la anexión inmediata lo que puede implicar un
desequilibrio económico inicial para los EEUU, un desequilibrio cultural y político
ya que Venezuela formaría parte del sistema y necesitaría su representación en
el congreso.
Pero siendo
realistas existen otros escenarios sin alterar inmediatamente su sistema
político: como el de estatus de Territorio No Incorporado Organizado.
Si Venezuela
fuera integrada bajo ese esquema, no entraría directamente como el "Estado
51", sino como un Territorio Estadounidense (similar al estatus
actual de Puerto Rico o Guam, o al que tuvo Alaska durante décadas).
Ese modelo
intermedio aplicaría para evitar que EEUU entre en un déficit económico, político
y cultural dividiendo la integración en dos realidades muy distintas:
1. Las Limitaciones Políticas (El freno de mano de
Washington)
Para evitar
que 25 millones de nuevos ciudadanos cambien el equilibrio político en el
Congreso de Washington o decidan quién será el presidente de EE. UU., se
aplicarían restricciones severas:
- Sin voto presidencial: Los ciudadanos residentes en
el territorio de Venezuela tendrían pasaporte estadounidense, pero no
podrían votar en las elecciones presidenciales de EE. UU.
- Sin senadores ni diputados con
voto:
Venezuela tendría derecho a enviar un único representante al Congreso en
Washington (una figura llamada Comisionado Residente), quien
tendría derecho a voz en los debates para defender los intereses del
territorio, pero cero derecho a voto en las leyes federales.
- Leyes federales automáticas: El Congreso de EE. UU. tendría
el poder absoluto de aplicar leyes, impuestos específicos o normativas
comerciales sobre Venezuela, sin que los venezolanos puedan votar por
quienes aprueban esas leyes.
2. La Libertad de Movimiento (El beneficio ciudadano)
A cambio de
ceder el poder político superior, los ciudadanos recibirían el estatus de la
ciudadanía estadounidense, lo que transformaría por completo su vida cotidiana:
- Libre tránsito absoluto: Al convertirse en ciudadanos o
nacionales de EE. UU., las fronteras internas desaparecerían para ellos.
Un venezolano podría comprar un boleto y volar de Caracas a Miami o
Nueva York usando solo su identificación, sin necesidad de visas,
pasaportes extranjeros ni controles migratorios, exactamente igual que un
tejano que viaja a Florida. Tendrían el derecho legal de mudarse, trabajar
y vivir en cualquier rincón de los 50 estados.
- El vacío legal del voto al
mudarse: Aquí
ocurre un fenómeno constitucional fascinante. Si un venezolano viviendo en
Caracas (donde no puede votar por el presidente) decide mudarse legalmente
a Miami y establece su residencia en el estado de Florida, adquiere
inmediatamente el derecho a votar por el presidente de EE. UU. y por
los senadores de Florida. El derecho al voto en el sistema americano no
depende de dónde naciste, sino del estado donde resides y pagas
impuestos.
¿Por qué esta jugada sería perfecta para el esquema de
Trump?
Para una
administración transaccional como la de Donald Trump, este diseño es el
"negocio redondo":
- Evita el conflicto interno en
EE. UU.: Calma
a su base electoral más nacionalista porque no introduce millones de
votantes hispanos al Colegio Electoral de la noche a la mañana.
- Garantiza el control de los
recursos: Al ser
un territorio bajo la cláusula territorial de la Constitución de EE. UU.,
Washington tendría la última palabra sobre las concesiones de la Faja del
Orinoco, los minerales preciosos y las aduanas marítimas.
- Alivia la presión migratoria en
la frontera: Al
otorgar la ciudadanía y estabilizar la economía local con el dólar y la
ley federal, la necesidad de migrar de forma desesperada disminuiría
drásticamente, ya que el bienestar económico llegaría directamente a las
ciudades venezolanas.
Este estatus
intermedio funcionaría como un "periodo de prueba" o transición que
podría durar décadas, donde los ciudadanos tendrían toda la libertad económica
y de movimiento del sueño americano, pero el control político y estratégico se
quedaría firmemente resguardado en los despachos de Washington.